domingo, 30 de abril de 2017
inicio
 
Form. permanente

Portada

La Provincia

|-¿Quiénes somos?

|-¿Dónde estamos?

|   |-En España

|   |-En Brasil

|   |-En MARAJÓ (Brasil)

|   |-En Argentina

|   \-En Venezuela

|-¿Qué hacemos?

|   |-Seminarios

|   |-Misión de Marajó

|   |-Centros educativos

|   |-Parroquias

|   |-Otros ministerios

|   \-Revista Santa Rita y el pueblo cristiano

|-Vicarías

|   |-Vicariato do Brasil

|   |-Vicaría de Argentina

|   \-Vicaría de Venezuela

|-Secretariados

|   |-Espiritualidad

|   |-Formación

|   |-Apost. Ministerial

|   |-Apost. Misional-Social

|   |-Apost. Medios Com. Social

|   |-Past. Juvenil y Vocacional

|   |   |-PJV 2006

|   |   |-PJV 2007

|   |   |-PJV 2008

|   |   |-PJV 2009

|   |   |-PJV 2010

|   |   |-PJV 2011

|   |   |-PJV 2012

|   |   |-PJV 2013

|   |   |-PJV 2014

|   |   \-PJV 2015

|   \-Apost. Educativo

|-Jóvenes Agustino-Recoletos (JAR)

|   |-Itinerario

|   |   |-Horizonte de Aventura

|   |   |-Horizonte de Amistad

|   |   |-Horizonte de Libertad (I-Grupos)

|   |   |-Horizonte de Libertad (II-Precomunidades)

|   |   \-Horizonte de Fraternidad

|   |-Oracional

|   |-Cancionero

|   \-Otros

|-Madres Mónicas

|-Relig. Difuntos ProvST

|-Causas de Canonización

|   |-Venerable Sor Mónica de Jesús (1889-1964)

Noticias

|-de la Iglesia

|-de la Orden

|   |-Cursos de Renovación

|   |-Capitulos Generales

|   |-Capitulos otras Prov.

|   |-Reuniones OAR

|   |-de la Curia General

|   \-Celebraciones y Jubileos

|-de la ONGd Haren Alde

|-de los Obispos OAR

|   |-Diócesis de Cametá (PA, Bra)

|   \-Prelatura do Marajó (PA, Bra)

|-de los Capítulos Provinciales

|   |-35º Cap. Provincial (2015)

|-desde España

|-desde Brasil

|-desde Argentina

|-desde Venezuela

|-Rev. Antena Informativa

Servicios

|-Santoral OAR

|   |-Enero/Janeiro

|   |-Febrero/Fevereiro

|   |-Marzo/Março

|   |-Abril

|   |-Mayo/Maio

|   |-Junio/Junho

|   |-Julio/Julho

|   |-Agosto

|   |-Sepbre./Setembro

|   |-Octubre/Outubro

|   |-Novbre./Novembro

|   \-Dicbre/Dezembro

|-Lectio Divina

|   |-LD Vocacional

|   |-LD Textos bíblicos

|   |-LD p Ciclo A

|   |   |-LD Adviento (A)

|   |   |-LD Nav-Epifanía (A)

|   |   |-LD Cuaresma-SS (A)

|   |   |-LD Pascua (A)

|   |   \-LD T. Ordinario (A)

|   |-LD p Ciclo B

|   |   |-LD Adviento (B)

|   |   |-LD Nav-Epifanía (B)

|   |   |-LD Cuaresma-SS (B)

|   |   |-LD Pascua (B)

|   |   \-LD T. Ordinario (B)

|   |-LD p Ciclo C

|   |   |-LD Adviento (C)

|   |   |-LD Nav-Epifanía (C)

|   |   |-LD Cuaresma-SS (C)

|   |   |-LD Pascua (C)

|   |   \-LD T. Ordinario (C)

|   |-LD Fiestas del Señor

|   \-LD Virgen Maria y los Santos

|-Año Litúrgico

|   |-Adviento

|   |   |-Ciclo A (Adv)

|   |   |-Ciclo B (Adv)

|   |   \-Ciclo C (Adv)

|   |-Navidad-Epifania

|   |   |-Ciclo A (Nav)

|   |   |-Ciclo B (Nav)

|   |   \-Ciclo C (Nav)

|   |-Cuaresma-Triduo Pascual

|   |   |-Ciclo A (Cua)

|   |   |-Ciclo B (Cua)

|   |   \-Ciclo C (Cua)

|   |-Pascua-Pentecostés

|   |   |-Ciclo A (Pas)

|   |   |-Ciclo B (Pas)

|   |   \-Ciclo C (Pas)

|   |-Tiempo Ordinario

|   |   |-Ciclo A (TO)

|   |   |-Ciclo B (TO)

|   |   \-Ciclo C (TO)

|   |-Fiestas del Señor

|   \-La Virgen María y los santos

|-Form. permanente

|   |-Proyecto trienal

|   |-Revitalización OAR

|   |-Agustinología

|   \-Espiritualidad

|-Materiales

|   |-Fraternidad Seglar

|   |-Past. Juvenil

|   |-Past. Vocacional

|   |-Catequesis

|   |-Past. Educativa

|   \-Año de la Vida Consagrada

|-La WEB (o SITE)

\-Webmail

Audiovisuales

Enlaces

|-Iglesia Católica (Santa Sede)

|-Conf. Episcopales y diócesis

|-Conf. Religiosos

|-Familia Agustino-Recoleta

\-Provincia Sto. Tomás de Villanueva

Contacta 
Bookmark and Share
La santidad nace siempre del encuentro personal y comunitario con Jesús, y este encuentro se fragua en la oración; sin oración no podemos ser santos. Del encuentro con Jesús fluye el don del Espíritu, que nos hace vivir según el querer de Dios, ver la comunidad con los ojos de la fe y apasionarnos por el Reino.
Fr. Imanol Larrinaga, OAR - 27/03/2017

Hace un mes comenzábamos en la Orden la hermosa experiencia del Año de la Santidad que en el fondo es valorar nuestras personas, agustinos recoletos, desde una realidad que es vital y, además, plenamente necesaria  en  el camino de una vocación consagrada. El Prior General decía en su carta que la santidad nace siempre del encuentro personal y comunitario con Jesús, y este encuentro se fragua en la oración; sin oración no podemos ser santos. Del encuentro con Jesús fluye el don del Espíritu, que nos hace vivir según el querer de Dios, ver la comunidad con los ojos de la fe y apasionarnos por el Reino.

         Cuando apareció la llamada del Año de la Santidad es posible, ¡ojalá!, sentir en la Orden una voz, por supuesto, vital y necesaria, que nos moviera el ritmo de la vida y hacernos suspirar por un año más feliz. En el diario acontecer se suman las cosas y las preocupaciones, atendemos a muchas fuentes y la experiencia de nuestras personas y…¿se siente el calor de la vida de la presencia de Dios en un clima de silencio y escucha?

         Dejaba señalado en el artículo anterior que era necesario, ya desde el primer mes del Año santo en la Orden, insistir en el reflejo de la oración ya que en un camino de santidad debe brotar la compañía inseparable del encuentro silencioso con Dios. Quiero creer que es providencial una referencia fiel a este Año de la Santidad, precisamente cuando en el caminar de cada día somos personas que estamos en la oración y que, por otra parte, esa oración no cuaja en la vida hasta el punto que queda más en el cumplimiento de la vida diaria y no tanto en una vida plena en Dios.

         Es cierto que estamos llamados siempre a la santidad: sed santos como vuestro Padre celestial es santo y que en el marco de nuestra Orden la referencia y la necesidad a la oración se orientan a una fidelidad en la vocación y, también, que es un ejemplo de vida que está en función de la unión con Dios. De otra manera, ¿dónde se fundamenta nuestra oración? En el Proyecto de Vida y Misión el marco de la oración no tiene demasiada referencia aunque se señala que el Capítulo general hace una llamada a organizar nuestra vida de tal modo que del encuentro con Cristo y la contemplación surja el amor que lleva a la comunión fraterna. Más tarde, se nos recuerda: el Señor nos llama a crear comunión en la oración… ya que estamos llamados a crecer en santidad, en una santidad comunitaria y eclesial.

         Merece la pena quedarnos en el análisis y en la profundización de este planteamiento que se exige a la Orden ya que es un punto de referencia a tres realidades fundamentales: la verdad de uno mismo, el sentido de la profesión consagrada y el testimonio en la fe y en la presencia de Dios. Es una experiencia, a primera vista, personal pero que contiene un clima de vida interior que ha de plasmarse en la realidad cotidiana y, también, en el testimonio personal dentro de la comunidad. El análisis de uno mismo debe encarar el trato con Dios y el diálogo interior. El examen de la propia vida no puede nunca limitarse a un comportamiento sino a una conciencia de vivir desde la gracia y, consiguientemente, de un encuentro personal continuo con Dios en la oración. En cualquier edad y en cualquier lugar, es necesario enfocar la vida desde el valor sumo y primordial de Dios de tal modo que la definición de uno mismo aparezca entre la idea clara de la llamada y de la oración; o sea, vocación y santidad. Recordemos: El religioso…, en primer lugar, da importancia primordial a las relaciones personales con Dios, enseñando a (Const 141). En todo tiempo es necesario sentir la valoración de uno mismo desde Dios y desde la fuerza interior que provoque un encuentro constante con el Señor, toda vez que nuestra consagración religiosa parte de una elección, se sostiene en la gracia y se orienta hacia una meta que es Dios. En este momento de la historia de la Orden, señalemos que es providencial el enfoque de una respuesta a la oración, necesita una luz que solo desde el encuentro con Dios es posible sentir, vivir y expresar; exigirnos si el reclamo de la santidad conlleva un diálogo constante con Dios y sentir la necesidad de una misericordia continua. Nunca es igual el tiempo ni tampoco lo son las circunstancias; nuestras personas tienen ciertamente un horario de recogimiento para la oración y ¿hasta qué punto sentimos la necesidad de la mirada de Dios y de su diálogo con nosotros? Lo más triste es satisfacerse con el cumplimiento del horario que, dicho de paso, tampoco se cumple.

         El mayor problema que debemos solucionar es sentir la falta de trato con Dios y eso puede descubrirnos la bastante mediocridad en la vida espiritual. ¿Pensamos alguna vez si Dios lleva la dirección de nuestra vida? Hay que admitir que el lenguaje de la vida tiene fondo y forma solamente cuando hay vida interior y esto plantea un examen personal y comunitario que nos lleve a todos los niveles. Un silencio personal, ¿pensamos que conlleva eso?, es actitud para sentir “el paso de Dios”; de otra manera, vivimos en una frialdad desde la cual no hay ilusión, tampoco hay sonrisa.

         Si examinamos el cuadro de nuestras personas ¿hay vida interior? ¿hay gozo en la fe? ¿hay existencia transfigurada? El encuentro con Dios, su escucha, el dejarnos guiar por Él, el sentirnos amados, necesita su fondo, admirar el misterio de la Cruz, creer que ese es nuestro mayor milagro y no tener prisa ante Él y con Él. Solo así podemos escuchar el camino de la santidad, teniendo en cuenta lo de san Agustín: camina en la vida para que tengas vida.

         Nuestra oración, en sus dos formulaciones, personal y comunitaria, está enclavada en un horario, el que se cumple y el que no se necesita. Hay que pensar que la vida no es un invento personal, es pura gracia de Dios y, como tal, su presencia exige -siempre en el ámbito personal-, una atención y una admiración ya que, sin mérito alguno, hemos sido llamados por Dios y eso necesita una atención constante y, también, un agradecimiento sin medida. Es muy duro pensar que la oración ha quedado solo abierta a los horarios precisos y, lo que hace preocupar es que la visita al Santísimo, fuera de la comunitaria, ya no se estila ni tan poco se necesita. Hay que pensar aquello de: Nuestras comunidades pueden y deben ser centros de oración, recogimiento y diálogo personal y comunitario con Dios, ofreciendo generosamente iniciativas y servicios concretos en la línea de lo contemplativo y comunitario, para que el pueblo de Dios encuentre en nosotros verdaderos maestros de oración y agentes de comunión y de paz en la Iglesia y en el mundo (ib. 279).

         Si las comunidades se prestan a un examen sincero sobre su vida espiritual seguramente la respuesta es el mejor tiempo dedicado a Dios. Y esto motiva un encuentro fructífero con el Señor para que luego se traduzca en una caridad muy señalada en nuestro trato comunitario. El encuentro fructífero que se echa en falta en nuestras comunidades no proviene del carácter personal; es, ni más ni menos, la falta de encuentro con Dios en la adoración, en el perdón, en el silencio, en el amor, en la mirada limpia, en la generosidad de Dios con nosotros…

         Nuestra vida personal necesita más audacia y creatividad y esto solo proviene del trato con Dios. ¿Será que tenemos miedo de encontrarnos a solas con Dios para adorar, para pedir perdón, para aprender a amar, para saber esperar sin prisas, para escuchar el “hijo mío” y responder luego: “Padre…”? En un año de santidad ¿valoramos y nos preocupamos de dar importancia a esa necesidad? Debemos pensar mucho más Quién es Dios y quiénes somos nosotros, y esto solo tiene respuesta en el encuentro personal y sin prisas con Dios.

         Lo más triste en nuestras comunidades es pensar que la capilla sólo está abierta en las horas marcadas; es como no hubiera conciencia de que el Señor está siempre presente, que nuestra vocación no es solamente un cumplimiento y que, por ello mismo, necesita el encuentro con Dios, su adoración y su bendición. El prior general ha expresado claramente que la santidad nace siempre del encuentro personal y comunitario con Jesús, y este encuentro se fragua en la oración; sin oración no podemos ser santos. Del encuentro con Jesús fluye el don  del Espíritu que nos hace vivir según el querer de Dios, ver la comunidad con los ojos de la fe y apasionarnos por el Reino.

       Una gran lección, para meditarla, analizarla y llevarla a la práctica: La oración ayuda a los religiosos a descubrir la presencia misteriosa de Dios en el corazón de los hombres, para amar a todos como hermano. El Espíritu de Jesús hace percibir, por medio de la oración, las manifestaciones del amor de Dios en la trama de los acontecimientos; de esta manera, se logrará la necesaria síntesis entre oración y vida: (Const 65). Poner en marcha este compromiso sería un hermoso fruto del Año de la Santidad.

 

                                                          Fr. Imanol Larrínaga oar

  Votar:  
Resultado: 4,5 puntos4,5 puntos4,5 puntos4,5 puntos4,5 puntos   2 votos

© Gestor de contenidos HagaClic