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Domingo de Ramos
Fr. Imanol Larrínaga, oar - 18/03/2016

Lecturas

Lc 19, 28-40

En los cuatro evangelios, este relato muestra cómo Jesús ha querido cumplir la profecía de Zacarías 9, 9-10. Ese oráculo profético anuncia la llegada de un Mesías justo y humilde, no a caballo o en un carro de guerra, sino montado en un asno, presentándose así simbólicamente como “el Príncipe de la paz” (Is 9, 5). En el relato común, Lucas introduce varias alusiones a la entronización de Salomón (1 Re 1, 33-40), que dan mayor relieve a la realeza de Jesús. Hay un detalle particular en los cantos de alabanza: aclaman a Dios y a Jesús y al cielo; a Jesús, como “el que llega”., “el rey” de Israel; al cielo como el ámbito en el que ya reina la salvación. A diferencia de Mt y Mc el motivo de las aclamaciones son aquí los milagros de que han sido testigos los que acompañaban a Jesús. Es significativo el cambio que introduce Lucas: escribe “bendito el que viene en nombre del Señor” (v. 28). El evangelista parece conocer el lenguaje real que los primeros cristianos aplicaban a Jesús, y en parte lo adopta. Es clara la formulación de Jesús: muestra que su realeza no es la de un monarca políticamente poderoso. Así se resume el sentido triunfal de Jesús en Jerusalén. Es cierto que hay un  comtrapunto muy acentuado en la escena: no solo los dirigentes sino tampoco el pueblo  se unen a la aclamación de los discípulos: ni aclaman a Dios ni lo reciben como tal. Queda ahí al descubierto la ceguera de los hombres que, en vez de ser testigos de las maravillas del Señor, reprenden a los discípulos por el sentido de su aclamación. Como siempre, las palabras del Señor son el final adecuado: si hay silencio humano, “gritarán las piedras”.

 

Is  50, 4 – 7

Este es un poema completo, que parece reanudar el tema de 49, 24 – 26, a fin de responder a las preocupaciones de los israelitas que no creian en la pronta liberación del Exilio en Babilonia. El poema se divide en tres partes: incluye una serie de preguntas, que intentan dar a entender que el Señor no se ha divorciado de su pueblo (50.1- 3); en la segunda se presenta el tercer Cántico del Siervo der Yahvé (50, 4 – 9) y en la tercera se añade una promesa de salvación para las personas que siguen el modelo y el testimonio del Siervo (50, 10 – 11). En el tema de hoy nos damos cuenta de que no aparece explícitamente la palabra “Siervo”, mas bien el poema se une a la sección de los Cánticos por dos razones: un individuo describe en primera persona sus propios sufrimientos. El Siervo se muestra además como un sabio que  debe cumplir una misión esencialmente educativa. Él está encargado de educar tanto a la gente piadosa como al que “camina en tinieblas” para que confíen en el Señor. De hecho, hay ideas unidas en el contexto del sentido doloroso de la misión del Siervo del Señor; Y el texro cobra una cierta dureza no solo por el lenguaje expresivo del dolor sino también porque de no existir una confianza total en el Señor, parece casi imposible llevar adelante la misión que se le ha encomendado. El Siervo tiene la certeza de la misión y de quién se ha fiado, no tiene miedo de los enemigos, deja en el Señor su esperanza y cómo superará las dificultades mientras los enemigos “se gastan com ropa, los roe la polilla”. El Siervo no reclama venganza contra sus adversarios, su esperanza está en el Señor y lo expresa con el lenguaje más emotivo. “mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para decir al abatido una palabra de aliento. Csda mañana me espabila el oído: yo no me resistí ni me eché atrás” (v. 4).

 

Flp 2, 6 – 11

Se suele designar este texto como un “himno” y tiene básicamente dos partes: I) Humillación de Cristo (2, 6 – 8) y II) exaltación de Cristo (2, 9 – 11). La primera afirmación expresa el punto de partida de la humillación de Cristo, clarificando que la expresión “la condución de Dios” se contrapone a “la condición de esclavo”. Cristo era Dios y como tal podía manifestarse como Dios pero se hace esclavo, es decir, al hacerse hombre no solo asume la naturaleza humana sino una condición de humillación y obediencia que le lleva a la muerte de cruz. Jesucristo “transformará nuestro nuestro cuerpo mortal, haciéndolo conforme con su cuerpo glorioso. ¿De dónde partimos para entender esta verdad? De la prexistencia divina de Cristo. Pablo exhorta a los corintios a la generosidad poniéndoles el ejemplo de Cristo, “quien siendo rico se hizo pobre por vosotros” (2 Cor 8, 9). El “siendo rico” no puede referirse al Cristo histórico sino al Hijo de Dios preexistente. Se reafirma la condición  humana de Jesús con dos frases que literlamente dicen: “y así actuando como un hombre cualquiera se rebajó hasta someterse a la muerte y una muerte de cruz”. La muerte en la cruz es la expresión suprema de la humillación, especialmente para los ciudadanos romanos: muerte propia de esclavos y de extranjeros. La segunda parte comienza con “Por eso” y se destaca por el cambio del sujeto: Dios. La exaltación de Cristo aparece como la respuesta de Dios a la humillación libremente escogida por Cristo. Hay dos aspectos importantes desde la acción de Dios: “lo levantó” y le “concedió el Nombre-sobre todo- nombre”. Este título expresa la nueva realidad de Cristo glorificado, que lo coloca por encima de todos los demás seres. Este título se explicita en el v. 11: “¡Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre”. La concesión del título es en público: “toda rodilla se doble en el cielo…”. La proclamación se hace ante todos los seres “del cielo, de la tierra y de todos los seres” y esta expresión denota la totalidad de todas las criaturas racionales, ángeles, hombres vivos y difuntos. El “doblar la rodilla” es ademán de una reverencia ante una persona superior y especialmente como señal de adoración a Dios. Esta aclamación universal es el reconocimiento que hacen todas las criaturas de la soberanía de Cristo. Para Pablo, esta exaltación tiene lugar en la resurrección. En la mente de Pablo es la resurrección de Cristo.

 

Meditación

Nuestro corazón y nuestra mirada deben tener la fuerza interior como para no dejar el misterio de la Pasión del Señor en una lección muchas veces leída u oída. Lo hermoso de este misterio es estar cercanos a Jesucristo, el Maestro, el Mesías, que nos llama a acompañarle y a estar atentos a su Palabra. Y todo comienza con la cena pascual, esa experiencia de amor que se hace alimento y vida permanente; para nosotros supone el regalo de la presencia viva del Señor en nuestra vida y con todo el conjunto de circunstancias que van a unirse en el tiempo y exigirán de nosotros una respuesta de fe y de humildad. Es cierto que en la cena pascual se adentra también el misterio de la traición y de la negación, el miedo y la soledad, temas inherentes a nosotros y a los cuales debemos enfrentarnos siempre sabiendo que nuestras actitudes fundamentales son estar atentos a la advertencia del Señor: “levantaos y orad para no caer en la tentación”. No somos mejores que los discípulos y sobre nosotros pesa siempre el abandono y nuestro escape del peligro por el temor de que puedan implicarnos como discípulos suyos, Seguramente que en nuestra conciencia existen el pecado de dejar solo al Señor, de negra a confesar públicamente nuestra fe y cercanía del Maestro, una cobardía ante el reto de sder sus testigos, el casi favorecer con nuestro silencio que haya margen en la sociedad para insultar, coronar de espinas y hasta propiciar llevarlo a un tribunal injusto que juzga y condena al que va a ser el Salvador del mundo. Aquí surge el tema fuerte de nuestra responsabilidad en el juicio contra Jesús en el ayer y en la historia de hoy en donde nuestro silencio o nuestro miedo de ser públicamente acusados de ser “discípulos que estaban con él”, lo negamos y en cierro modo seguimos favoreciendo que sean condenados, al igual que el Maestro, muchos discípulos suyos que se han jugado la vida por él y que, sin embargo, por la falsedad nuestra, son separados y condenados por la sociedad y quedan solos…sin que tengan a su lado “buenos samaritanos” que sean los verdaderos cirineos. El camino del Calvario, el priemero y todos los demás, es real y acontece día a día. Y aquí está en juego nuestra pasividad: nos quedamos quietos, no levantamos la voz ante tanta injusticia, ni limpiamos la cara de quien va camino de la cruz diaria ni salimos a demostrar nuestra pena públicamente al contemplar que la injusticia destroza y mata a las personas ¿No creemos en los verdaderos cirineos, en las limpias verónicas, en las sufrientes mujeres que salen a compadecerse de quien camina cuesta arriba sin que nadie se le acerque…? La primera subida al Calvario es la del Hijo del Hombre cargado con todos los pecados de la humanidad  y esto debe motivar una respuesta por nuestra parte. Los ejemplos están claros, el Señor camina mirándonos a nosotros y amándonos hasta el final ¡Menos mal, que la siempre Madre no deja solo al Hijo y es la queda fija junto a la Cruz!. Es el gran ejemplo para hacer el camino con Jesús y manifestando el valor permanente del SÍ a la voluntad de Dios. Se abre la Semana Santa y para nosotros no es sin más un episodio que cada año lo actualizamos. Sigue siendo siempre verdad el mandato del Señor: “niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme” hasta el final.

 

Oración

Señor: gracias por invitarnos a acompañarte desde hoy en cada momento concreto que, con tu presencia y tu palabra, nos convocas a vivir contigo esta semana. En verdad, nos asocias a que especialmente nuestro corazón se llene de ti, encuentre todo en ti y pueda lugar transmitir com fiel discípulo tu derroche de amor a favor de toda la humanidad. Señor: gracias porque la fe nos ha llevado a encontrarte y seguirte paso a paso tu manifestación en Jerusalén y, a la vez, nos ha hecho recordar las veces en que hemos tenido ocasión de dar un testimonio y no lo hemos hecho. Sin embargo, Tú nos has seguido mirando desde el pollino y hemos gozado en un Hosanna continuo tu paso entre nosotros. En algún momento nos ha venido a la cabeza si tal no nos pedías la actitud de Zaqueo por verte y aceptar tu llamada. A pesar de la multitud que te aclamaba, hemos podido renovar nuestra fe desde tu imagen siempre sencilla y cercana a nosotros. Y hemos tenido que preguntarnos una y otra vez: ¿por qué no somos más humildes y más agradecidos contigo? Hemos experimentado la fuerza de tu imagen y de tu voz, hemos querido en nuestro agradecimiento provocar una llamada hacia ti - ¡nos hace tanta falta tu presencia!- y hemos quedado un tanto perplejos como si nos faltara toda la fe necesaria para creer. Ábrenos, Señor, tu corazón y haznos sentir tu latido, ese latido que llegará hasta nosotros desde la Cruz como fuente de vida. Contemplación Cristo quiso padecer por nosotros. Dice el apóstol Pedro:<padeció por vosotros dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas>. Te enseñó a padecer y te enseñó padeciendo él. Poca cosa serían  sus palabras, si no las hubiese acompañado con el ejemplo. ¿Cómo nos enseñó, hermanos? Pendía de la cruz y los judíos se ensañaron contra él; estaba sujeto con ásperos clavos, pero no perdía la suavidad. Ellos se ensañaban, ladabran en torno suyo y le insultaban cuando estaba colgado. Como a un solo médico puesto en el medio, ellos, locos furiosos, le atormentaban de todas partes. Él estaba colgado, pero sanaba- <Padre, dijo, perdónales, porque no saben lo que hacen>. Pedía y. con todo, pendía; no descendía, porque iba a convertir su sangre en medicamento para aquellos locos furiosos. Como no pudieron resultar vanas las palabras suplicantes del Señor ni su misericordia que las escuchaba, puesto que al mismo tiempo que eleva súplicas al Padre las escucha con él., después de la resurreción sanó a los dementes que había tolerado en la cruz. Ascendió al cielo, envió al Espíritu Santo (Sermón 284, 69.

 

Acción

Cantar el Hosanna reviviendo la entrada de Jesús en Jerusalén.

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