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Domingo III de Pascua
Fr. Imanol Larrínaga, oar - 09/04/2016

LECTURAS

Hech 5, 27b-32.40b-41

“Los apóstoles fueron conducidos y presentados al Consejo”. Las palabras del sumo sacerdote suenan con ironía dramática. Evita pronunciar un nombre que quiere borrar y tiene que contener el éxito de los apóstoles cuando dice que estos van “llenando” la ciudad con su enseñanza. Hay que recordar el papel que tiene Jerusalén para Lucas. Por otro lado, sin quererlo, el sumo sacerdote se hace testimonio de la resurrección. Y la última frase “queréis echarnos en cara la sangre de ese hombre”, es hacerles responsables de homicidio (cf. Mateo 27, 25); lo había dicho Pedro en el juicio precedente (Hechos 4, 10).

Los apóstoles están desafiando directamente, por orden divina, a las autoridades del templo y eso es castigado con azotes. Más aún; los jefes del templo agregan una acusación contra los apóstoles: “queréis hacernos responsables de la muerte de ese hombre”. Por su parte, Pedro acusa en dos ocasiones al pueblo de Israel por haber acusado y crucificado a Jesús (cf. Ib. 2, 23 y 3, 13-15). 

El testimonio de Pedro y el de los apóstoles (vv. 29-32) retoma un elemento fundamental de su testimonio anterior ante el Sanedrín: la obediencia a Dios. El verbo “obedecer” aparece al comienzo y al final del testimonio. La obediencia a Dios implica la desobediencia a las autoridades del templo; además, es por obedecer a Dios y no a ellas, los apóstoles han recibido el Espíritu Santo. Con este testimonio, los apóstoles se declaran en total rebeldía con las autoridades del templo.

En el centro de su confesión de fe, proponen el fundamento de su total desobediencia: a la Resurrección ha seguido la exaltación no para condenar a Israel sino para perdonar a cuantos se arrepientan. Al testimonio de los apóstoles se suma el del Espíritu Santo (cf. Juan 15, 26). Los saduceos aceptan la defensa de Gamaliel pero no pueden aceptar que la desobediencia de los apóstoles quede impune. Por eso lo mandan azotar y los intimidan a no hablar nunca más en el nombre de Jesús.

Apoc 5, 11- 14

La corte celestial proclama Señor al Cordero; como había sugerido Isaías 42, 9 las nuevas obras de Dios despiertan nuevas canciones de gratitud. A partir del v. 11 se expanden los alcances de la liturgia; al Mesías se le asignan la alabanza, el honor, la gloria y el poder. 

El v. 13 rebasa los límites del culto y se juntan en las alabazas los pobladores de la tierra, de lo subterráneo y del mar (una región amenazante para los hebreos). El himno se dirige tano a Dios Creador como al Cordero. Así, la obra salvífica del Cordero aparece unida al trabajo de la creación. Y el “amén” final completa el círculo de adoración.

Merece un comentario el que los capítulos 4 y 5 inician la interpretación de la historia que nos ofrece el Apocalipsis; un acontecimiento del pasado, la muerte de Jesús, pone la base para la existencia de la Iglesia y aun para el futuro del mundo. A la iglesia se le encomienda una gran esperanza y, a la vez, una pesada responsabilidad. Desde este punto, todo lo indicado en este libro ayuda a establecer el señorío de Jesús.

Jn 21, 1 – 14

Este capítulo es adición patente. Una primera redacción del evangelio terminaba en 20, 31. Sin embargo, el mismo evangelista o uno de sus discípulos, antes de la publicación definitiva del evangelio, añadieron este relato con la aparición del Resucitado. El interés se centra enra las dos figuras: Pedro y el Discípulo amado.

Pedro toma la iniciativa: “voy a pescar”; le acompañan los otros discípulos. Y la pesca es infructuosa. El evangelista prosigue: “cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla, pero los discípulos no sabían que era Jesús. Él les pregunta si tienen pescado y ante la respuesta negativa, les indica: “echad la red a la derecha y encontraréis”. El acontecimiento milagroso es descrito así: “La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces”. Un hecho milagroso de idéntica naturaleza narra Lucas (5, 4-10). Los peces son 153; es el valor numérico, sirve para ponderar la abundancia. Puede tener el sentido de una combinación aritmética que significaría la plenitud; también, el equivalente numérico de una palabra con un alcance cristológico y hasta puede ser un dato sin intencionalidad simbólica. La red no se rompe; es símbolo de la unidad de la Iglesia.

El primero en notar la presencia de Jesús ante la maravilla que están contemplando es el Discípulo amado, mientras que el primero en reaccionar es Pedro. Cuando Simón Pedro oye “es el Señor”, se pone el vestido y se lanza a la mar. La expresión “es el Señor” tiene un significado especial: a primera vista esperaríamos “es el Maestro”, pero el evangelista usa el título “es el Señor”. Significa que la resurrección ha mostrado su carácter divino, una condición que Cristo poseía por ser el Verbo de Dios Encarnado. La invitación de Jesús: “venid y comed” tiene la descripción referencial al lenguaje eucarístico: “toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez”. El relato termina con la siguiente indicación: “ésta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos”.

 

Meditación 

La fe se hace lenguaje porque si no somos capaces de expresar nuestros sentimientos más hondos, éstos no nos pertenecen aún en su integridad. Necesitamos pasar del corazón a una expresividad verbal que adora, alaba, agradece, se reconoce como pecador, enseña, sonríe…Es así como el lenguaje salvador del Resucitado: “vamos, almorzad” se hace lenguaje, en una expresión de fe creída. Esto ¿qué supone? Saber entrelazar corazón y boca, interioridad creyente y labios, sentimientos y palabras.

Cada día como cada momento es una invitación del Señor a creer lo que Dios ha hecho en nosotros y cómo su providencia quiere entrelazarse a nuestras personas para que no perdamos el sentido de lo divino. Está bien lo de “voy a pescar” pero eso necesita el fondo de una convicción ya que el Señor es el autor de la gracia y de la vida. En el “voy a pescar” –frase que envuelve el contenido casi total de nuestra existencia-, solo hay boca, es expresión de un protagonismo y eso para un creyente, aún con todo lo positivo que pueda parecer, está necesitando de la experiencia de una mirada divina que contempla nuestras acciones y a las cuales quiere cargarlas de una Presencia suya y de una cercanía que lleve a vivir en la fe.

Pedro hablaba de la boca y es que está en un momento de soledad y quiere llenar su vacío con la fuerza de sí mismo. El Resucitado, a Pedro como a sus compañeros, les habla con el corazón y esa es la clave como para que todos puedan decir: “¡es el Señor! Lo que el Señor manifiesta a los discípulos en su aparición es que no están solos, que la salvación es realidad y que el camino cristiano solo tiene sentido cuando Dios es la realidad absoluta y, por lo tanto, “hay que obedecer  a Dios antes que a los hombres”. La situación un tanto maltrecha de los discípulos, un tanto envueltos en el escepticismo de algo nuevo que pudiera o debiera ocurrir y que no se manifiesta, nos lleva al análisis de nuestra vida tan necesitada de pruebas y bastante carente de vida como para confesar la fe desde el corazón. En más de una ocasión necesitamos la Palabra que suene dentro de nosotros mismos y nos recuerde: “¿por qué teméis, hombre de poca fe?”. Un proceso de profundización de la fe en la identidad real de Jesús (“y vosotros ¿quién decís que soy yo?”), es el Mesías, el Salvador, genera una profundización en el ser mismo de Jesucristo como verdadero.

A veces da la impresión que nosotros somos muy espectadores. Y el ejemplo lo tenemos en el evangelio de hoy: cuando pensamos en Pedro casi nos viene a la mente que él vivía en ese momento un sentido de soledad total y hasta nos aventuramos a juzgarlo como hombre de poca fe después de haber vivido junto al Señor tanto y haber gozado de tantas maravillas… Entremos en nuestro interior y examinemos el camino que Dios ha ido inaugurando en nosotros cada día y la respuesta que hemos dado. ¿Nos planteamos hoy, por ejemplo, quién es el Jesús Resucitado como razón de nuestra existencia, luz en nuestros pasos, esperanza definitiva? Esto nos lleva a un análisis de nuestra fe personal: ¿creo en verdad en Jesús Resucitado? Jesucristo no distancie una palabra que se distancie de su ser, sino que es Él mismo, todo entero, se da en su palabra. De ahí que nuestra fe es la adhesión a una Persona y entonces es una fe personal. “sé de quién me he fiado”. 

Para cada uno de nosotros, casi acostumbrados a encontrarnos con el misterio (Eucaristía) hoy es una invitación a descubrir en la humildad y en el agradecimiento, el milagro de la resurrección continua en la aparición diaria ante nosotros: “Jesús se acerca, toma el pan y se lo da…”.

 

Oración

Señor: sediento de novedades que en el fondo me distraen, me encuentro en esta hermosa mañana de primavera como suspirando que tu presencia en mí sea real; bajas día a día a mi camino casi pidiéndome que te deje estar conmigo. Y sin palabras me dices que te haga espacio, que libere mi corazón del ruido y de las preocupaciones para que sea posible un silencio en el que tus palabras me instruyen, me purifiquen y me enseñen que solo Tú eres el Hijo de Dios que ha resucitado de entre los muertos.

Como Pedro bajo todos los días a la orilla, muy metido en mis pensamientos y cargando con mi soledad, esperando y deseando llenar mi vacío interior con el fruto de mi esfuerzo, con mi voluntad, a veces tan falta de fe, y con la necesidad de sentirme útil. Y pienso: ¿dónde quedan mis pasos que no tienen delante el ejemplo del Maestro, dónde quedan aquellas enseñanzas que cambiaban mi corazón y me llevaban a esperar en el Señor contra toda esperanza?

Señor: sé que Tú no dejas solo a nadie en la vida, Tú, al aceptar nuestra humanidad en Ti, manifestabas en tu amor infinito tu voluntad de estar siempre con nosotros: “lleva a término, Señor, te diremos con Agustín, lo que Tú iniciaste en nosotros”. Hoy no solo contemplamos tu Resurrección, creemos que Tú eres el Mesías, único y verdadero y en quien están todas nuestras esperanzas   Haz que cada día salgamos a la vida hablando en tu nombre y seamos tus dignos testigos. Y cada mañana enciende en nosotros tu Luz para que sigamos creyendo en Ti y te anunciemos con audacia.

Contemplación

Ved que el Señor, apareciéndose a los discípulos por segunda vez después de la resurrección, somete al apóstol Pedro a un interrogatorio, y obliga a confesarle su amor por triplicado a quien le negó otras tres veces. Cristo resucitó en la carne, y Pedro en el espíritu, pues como Cristo había muerto en su pasión, así Pedro en su negación. Cristo el Señor resucita de entre los muertos, y con su amor resucitó a Pedro. Averiguó el amor de quien lo confesaba, y le encomendó sus ovejas. ¿Qué daba Pedro a Cristo al amarlo? Si Cristo te ama, el provecho es para ti, no para Cristo; y, si amas tú a Cristo, el provecho es también para ti, no para Cristo.

No obstante, queriendo indicar Cristo el Señor dónde han de mostrar los hombres que aman a Cristo, le encomendó sus ovejas. Esto lo dejó bastante claro: < ¿me amas?>. Te amo. <Apacienta mis ovejas>. Y así, una, dos y tres veces. Él no respondió otra cosa sino que lo amaba; el Señor solo le preguntaba por su amor y a quien le respondió afirmativamente no le confió otra cosa que sus ovejas. Amémosle nosotros, y así amamos a Cristo. Cristo, en efecto. Dios desde siempre, nació como hombre en el tiempo. Como hombre nacido de hombres se apareció a los hombres; en cuanto Dios en el hombre, hizo frecuentes obras maravillosas. Como hombre sufrió muchos males de manos de los hombres; en cuanto Dios en el hombre, resucitó después de la muerte. Como hombre vivió en la tierra durante cuarenta días con los hombres; en cuanto Dios en el hombre, subió a los cielos en su presencia y está sentado a la derecha del Padre.

Todo esto no lo vemos, sino que lo creemos; y se nos ordena amar a Cristo el Señor a quien no vemos. Todos proclamamos y decimos: Yo amo a Cristo. <Si no amas al hermano a quien ves, ¿cómo puedes amar a Dios a quien no ves?>. Demuestra que tienes amor al pastor amando a las ovejas, pues también las ovejas son miembros del pastor. Para que las ovejas se convirtieran en miembros suyos, <fue conducido al sacrificio como una oveja>; para que las ovejas se hiciesen miembros suyos, se dijo de él: <He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo>. Pero grande es la fortaleza de este cordero. ¿Quieres conocer cuánta fortaleza mostró poseer? Fue crucificado el cordero y resultó vencido el león. Ved y considerad con cuánto poder rige el mundo Cristo Señor, si con su muerte venció al diablo (San Agustín en Sermón 229).

Acción.-  Recordar durante el día: “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”.
 

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