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Solemnidad de la Santísima Trinidad
Fr. Imanol Larrínaga, oar - 20/05/2016

Lecturas

Prov 8, 22- 31

Creada antes de toda criatura (vv. 22-26), la sabiduría toma parte activa en la obra de la creación (vv. 27-31). Estos son los dos temas que desarrollan las dos estrofas que configuran este poema. Un poema que, por otro lado, tiene una elevada calidad literaria y profunda inspiración teológica.

La Sabiduría es creadora, las cuatro estrofas lo explican de manera exhaustiva. Ella no es una diosa de la fertilidad sino la fuerza divina en la creación y en la historia para salvar al pueblo. Ella tiene origen divino, pues recibe el ser de Yahvé (vv. 22-23); existe antes de la creación (vv. 24-26).  Está presente en el acto de la creación del mundo (vv. 27- 29b). En la creación es el arquitecto de la obra creada. Ella es la colaboradora del creador (29c).

En los versículos finales (30-31) está presentada la sabiduría, la primogénita, como la niña pequeña de la casa que se divierte y divierte, no solo al padre de familia sino también a los hermanos. 

Aunque la sabiduría no es todavía una persona sino una personificación, sin embargo este texto de Prov 22-31 representa un paso importante en el camino hacia la revelación del dogma trinitario: aquí la sabiduría aparece hablando en primera persona de sí misma. Jesús es designado como Sabiduría y Sabiduría  de Dios. Cristo participa en la creación y conservación del mundo (Col 1, 16-17) y en la protección de Israel (1Cor 10, 4). Finalmente, la cristología del evangelio según san Juan, sobre todo la del prólogo, se inspira en la doctrina del AT sobre la sabiduría.

Rom 5, 1-5

Reconciliados con Dios por la fe entramos en una situación de paz y esperanza: paz que supera la tribulación, esperanza que transforma el presente. Cabe destacar aquí los dos aspectos salvíficos del misterio de Pascua: Cristo, hecho maldición por  nosotros en la cruz, que así nos libera del pecado, y Cristo resucitado, lleno de vida y de gloria que nos comunica la justificación  obtenida. La fe en este misterio nos abre el acceso a la gracia y el efecto de esta nueva situación es estar en “paz con  Dios”. Y todo ello por medio de Jesucristo.

Por todo esto, recordemos a Abraham, tampoco  nosotros nos gloriamos en las obras, en el cumplimiento de las leyes, sino que ponemos nuestra confianza en las promesas de Dios que se cumplen en Cristo; confianza que se fortalece más en las tribulaciones que en los éxitos.

Más tarde, Pablo  manifiesta su firme seguridad en la confianza que el creyente no será defraudada porque llevamos en nosotros el anticipo de lo que esperamos: “porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado”. El gran don que recibimos por la fe es el mismo Espíritu que derrama en nosotros el amor divino. Es el Espíritu que resucitó a Jesús y con  ese mismo poder puede darnos una vida nueva.

No nos gloriamos por lo que nosotros hacemos o por lo que podríamos ofrecer a Dios, sino por lo que recibimos de él como regalo inmerecido y gratuito, en lo cual ponemos toda nuestra seguridad. La esperanza brota y se sustenta del amor que Dios nos tiene y que el Espíritu Santo hace que experimentemos en nuestra conciencia. Al reconocer internamente, por el toque del Espíritu, que Dios nos ama, nuestra esperanza se siente segura; el que nos ama no puede defraudarnos.

Juan 16, 12- 15

El texto tiene una referencia total: “El Espíritu de la Verdad os guiará a la verdad plena”. El v. 12 es como una pausa que quiere introducir un nuevo desarrollo sobre la función del Espíritu: “cuando venga él…”. No es que el Espíritu aporte nuevas revelaciones sino que irá conduciendo, al interior de la revelación de Jesús, hacia la comprensión siempre actualizada y creciente.

La verdad completa  a la que el Espíritu guiará es la profundización en la verdad sobre Jesucristo, sobre su ser divino, sobre su condición de redentor. La afirmación de que el Espíritu hablará según oiga, parece que debe entenderse según el orden trinitario; el anuncio del porvenir que se atribuye al Espíritu probablemente está en relación con las persecuciones y el triunfo de la Iglesia. Se habla de la función del Espíritu respecto de los hombres afligidos. 

El Espíritu dará gloria a Jesús porque proclamará la santidad de Jesús. Gracias a la luz del Espíritu, los discípulos podrán comprender que la humillación de Cristo, su muerte, fue el principio de la exaltación, de la “elevación” al Padre. Les llevaría a la comprensión total de lo que, durante el ministerio terreno de Jesús, permaneció oculto. Era necesario caer en la cuenta de que Jesús era el embajador del Padre, su agente enviado para la salvación del mundo. Y esto sólo quien está en los secretos de Dios, como su Espíritu, podrá conocerlo y darlo a conocer.

Meditación

Hay una crisis a la cual no le hacemos demasiado caso: la falta de comunicación. Y tal vez nos sorprende de entrada y hasta casi decimos que no es para tanto ya que hablamos mucho y estamos juntos mucho tiempo y que, además, necesitamos estar con los demás. Esto ¿es cierto? Si hacemos un examen de conciencia sobre la verdad de nuestros encuentros mutuos caemos en la cuenta de su falta de verdad y de su superficialidad.

Nadie puede negar que el ambiente nos facilita mucho el que podemos vernos, hablar, gozar y hasta discutir con los demás pero también es cierto que prevalece en una proporción bastante preocupante la falta de fondo y hasta de verdad. El mismo ambiente, de por sí tan de vaivenes y sustos, no es propicio para la densidad de nuestros encuentros mutuos ni tampoco para una descarga mutua de sinceridad hasta los últimos detalles. Hay un peligro constante de distancia y de frialdad. El hecho mismo de correr tanto por la vida nos deja sin margen favorable para el saber y querer estar más tranquilos y así estar con más espacio posible para encontrarnos.
Siempre, pero especialmente en la fiesta de la Santísima Trinidad, podemos valorar el “Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo”. Ciertamente es un misterio pero su revelación adquiere tal valor el sentido de la oración al Padre por mediación del Hijo y en el Espíritu Santo; más aún: el mismo Jesús nos habla de Dios como una comunión de amor y manifiesta el misterio de las tres divinas personas, hasta el punto que lo original de esta fiesta es honrar específicamente a Dios sin tener como motivo un acontecimiento salvífico ni la memoria de un santo.

El misterio de la Santísima Trinidad nos pone de manifiesto la común-unión de las tres divinas personas: los cristianos podemos conocer el amor del Padre, la gracia que manifiesta y comunica el Dios y el hombre Jesucristo, y la comunión del Espíritu Santo, vínculo de unidad en la intimidad de Dios  y en la comunidad eclesial. La conciencia de la gracia es un misterio que recibimos y que Dios nos concede creerlo. En el corazón tiende Dios a manifestarse, a nacer y a madurar para que el desarrollo de la vida interior sea una vida mística.

Nunca mejor recordar lo de “no tengáis miedo a las sorpresas de Dios” (Papa Francisco). El misterio de la Trinidad es una experiencia a seguir al Espíritu de Dios que sigue actuando “a su modo”, por los caminos que Él quiere y donde quiera llevarnos. Creer  que somos templos de Dios es la respuesta por nuestra parte al sentirnos amados por la Trinidad.

Oración

El Dios uno y trino, misterio de amor, 
habita en los cielos y en mi corazón.

Dios escondido en el misterio, como la luz que apaga estrellas;
Dios que te ocultas  a los sabios, y a los pequeños te revelas.

No es soledad, es compañía, es un hogar tu vida eterna,
es el amor que se desborda de un mar inmenso sin riberas.

Padre de todos, siempre joven, al Hijo amado eterno engendras, 
y el Santo Espíritu procede como el Amor que a los  dos sella.

Padre, en tu gracia y tu ternura, la paz, el gozo y la belleza,
danos ser hijos en el Hijo y hermanos todos en la Iglesia. 

Al Padre, al Hijo y al Espíritu, acorde melodía eterna,
honor y gloria por los siglos canten los cielos y la tierra. Amén.

                (Himno de Laudes)

Contemplación

Amadísimos, no esperéis oír de mis labios las cosas que entonces no quiso decir el Señor a sus discípulos, porque no podían soportarlas. Antes bien, progresad en el amor, que ha sido derramado en vuestros corazones por el Espíritu Santo que se os ha dado,  a fin de que, con el Espíritu encendido y enamorado de las bellezas espirituales, podáis conocer con la vista y el oído interiores la luz y la voz espirituales, que los hombres carnales no pueden soportar, y que no se manifiestan de modo alguno a los ojos del cuerpo, ni tienen sonido capaz de ser escuchado por los oídos corporales. No se ama lo que se desconoce totalmente. Mas cuando se ama lo que ya se conoce de algún modo, el mismo amor lleva a un conocimiento superior y más perfecto. Si, pues, progresáis en la caridad que el Espíritu Santo derrama en vuestros corazones él <os enseñará toda la verdad>… Por ello se dijo: <Enséñame, oh Yahvé, tus caminos, para que camine en tu verdad>.

De esta manera, sin necesidad de maestros externos, llegaréis a conocer las cosas que el Señor no quiso decir entonces. Dejaos instruir por Dios, para que podáis contemplar con vuestra propia inteligencia las cosas que habéis aprendido y creído a partir de las lecturas y explicaciones externas acerca de la naturaleza incorpórea de Dios, que no puede estar circunscrita a un lugar que está en todo lugar íntegra, perfecta e infinita, sin brillo de colores ni configuraciones de líneas, sin signos de letras, sin sucesión de sílabas. Quizá haya dicho algo que os puede haber resultado fuerte, pero lo habéis aceptado; no solo lo habéis soportado, sino que lo oísteis con agrado” (san Agustín en el comentario al ev. según san Juan 96, 4).

Acción. Cantar con fe y con amor: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo...  
 

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